La recuperación de la industria manufacturera se muestra, desde principios de este año, como la locomotora que podría llevar la economía a salir de la crisis en la que quedó sumergida por la pandemia (remontar el hundimiento de la recesión macrista corresponderá a una etapa posterior). Pero a partir de mayo se encendieron luces de alarma por algunos frenos de mano que nadie sabía bien quién estaba accionando, deteniendo el proceso. Uno de los factores que amenazaba con ponerle techo a la recuperación era la aparente retracción del crédito bancario. Aparente primero, pero demostrada como real, después, aunque parcial. Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Nación revela que desde el primer trimestre de este año, los préstamos a los sectores productivos de la entidad oficial no paran de crecer (en términos reales) con respecto al año pasado, pero al mismo tiempo los otorgados por el resto del sistema financiero retroceden. Y fuertemente.

En cifras: el saldo de préstamos a la industria manufacturera en el primer trimestre de este año (en pesos y en dólares) del Banco Nación creció, en términos reales (descontada la inflación) en un 6,5 por ciento respecto del primer trimestre del año pasado. En el mismo lapso, los préstamos del resto del sector financiero se retrajeron respecto de 2020 en un 26,7 por ciento. Está claro que, para el conjunto del sistema financiero, el resultado total es una reducción, del 21,3% del crédito real, pero el comportamiento y el aporte del principal banco estatal fue uno, y del resto del sistema (principalmente la banca privada) fue otro, diametralmente opuesto. Mientras la banca pública apostó a sostener la recuperación con financiamiento productivo, el sector privado pareciera haberle quitado la vista a ese objetivo. 


No son elementos secundarios, porque hacen al sostenimiento (o no) de la recuperación económica. La preocupación que manifiestan los sectores empresarios tiene sustento, aunque las responsabilidades no son parejas. Un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) de la segunda quincena de julio alertó sobre un fuerte retroceso del financiamiento para la producción fabril. Advirtió que la escasez de crédito había provocado una contracción de la actividad en mayo, impactando en la posibilidad de despegue real de muchas empresas y en la generación de empleo.

El estudio elaborado por el staff técnico del Banco Nación (conducido por Harioldo Montagu como economista jefe) analiza el mismo fenómeno del crédito bancario, dilucidando algunos comportamientos. Advierte que en los créditos a la cadena comercial de mayo y junio se observa, también en este caso, el firme crecimiento en términos reales de los créditos del Banco Nación, y marcada caída de los otorgados por el resto del sistema en pesos. 

Los números muestran lo siguiente: 

Mayo. Créditos en pesos a la cadena comercial del Banco Nación, 21,7% más que en el mismo mes del año pasado. Resto del sistema financiero: 18,8% menos. El conjunto del sistema financiero (la suma de los dos anteriores) otorgó 15,8% menos en créditos que el año anterior.

Junio. Créditos del Banco Nación, 15,9% más que en 2020. Resto del sistema financiero: 20,9% menos. Conjunto del sistema: 18% menos.

Otra referencia que revela el mismo informe es que, durante el primer trimestre, los créditos comerciales tanto del Nación como del resto del sistema venían en alza respecto de 2020. Pero mientras los del banco oficial mostraban un crecimiento interanual superior al 85% real en cada uno de los tres primeros meses del año, los del resto del sistema financiero habían llegado al orden del 30/35% de aumento interanual en enero y febrero, y a poco más del 20% en marzo. Marcando así, incluso cuando todos aumentaban, una diferencia notable entre la banca pública y la privada.

No obstante, el Banco Nación logró al menos el reconocimiento en el informe de la UIA, que destaca que, como resultado de su encuesta a empresarios, las líneas impulsadas por la entidad oficial están entre las más conocidas y, además, son las que mayor proporción de encuestados dicen haber utilizado. 

Concretamente, al consultar a los empresarios sobre las líneas de inversión productiva impulsadas por el gobierno (tanto las otorgadas por el Nación como por la banca privada tienen el mismo subsidio sobre las tasas), si las utilizaron y en qué entidad, las respuestas resultantes reflejan lo siguiente:

*27,5% las tomó en el Banco Nación;

*25,6% en algún banco privado; 

*10,7% en el BICE (público);

*12,2% recurrió al Fondep (fondo fiduciario público);

*9,5% recurrió al Fontar (Fondo Tecnológico Argentino, público).

Una proporción minoritaria de empresas, entre los consultados, no requirió o no accedió a las líneas de financiamiento subsidiadas por el gobierno, de acuerdo a la misma encuesta de la UIA. 

"Hubo quejas de algunos sectores pyme de que no llegaban a conocer las líneas de financiamiento para esa franja de empresas, pero el mismo informe de la UIA hace la salvedad de la banca pública", sostuvo Haroldo Montagu al ser consultado por Página 12 sobre ese punto. 

"El Banco Nación fue el instrumento al que tuvo mayor acceso al sector pyme, porque hemos mantenido durante toda la pandemia un rol contracíclico muy activo. Hubo políticas del Estado para atender a la actividad productiva, a las que el Banco no sólo acompañó sino que demostró ser un instrumento útil para la ejecución de esas políticas. Es el rol exactamente inverso al que tuvo el Banco Nación en los cuatro años del anterior gobierno", remató Montagu.