La canasta básica alimentaria, integrada por los productos mínimos que necesita una familia para comer y no caer bajo la línea de indigencia, aumentó 2,1% en julio, mientras que la suba de la canasta básica total, que introduce otros bienes y servicios y traza la línea de la pobreza, fue de 1,6%. Si se compara con los datos de inflación oficiales del mismo mes se advierte que ambas canastas estuvieron por debajo del promedio de incremento de precios. 

En cambio, si se coteja con el mismo mes de 2020 se puede advertir que los bienes de primera necesidad se encarecieron por encima del nivel general. La canasta básica total aumentó 51,8%, mismo número que el Indice de Precios al Consumidor (IPC), pero la canasta básica alimentaria escaló 6,5 puntos porcentuales por encima, 58,3%. Así, se evidencia que la inflación golpeó con mucha más fuerza a los hogares de menos recursos, que destinan una gran porción de sus ingresos a la alimentación. 


Alimentos y bebidas subieron en julio un 3,4%, por encima del índice general de inflación
De acuerdo con los datos publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia tipo (integrada por dos adultos y dos menores) debió contar en julio con $29.003 para no caer en la indigencia. Son $589 más que en junio y $10.682 más que un año atrás. La misma familia necesitó generar ingresos por $67.577 para no ser considerada pobre; $1.088 más que en un mes atrás y $23.955 por encima de julio de 2020.

Estos valores muestran que dos salarios mínimos (de $27.216 en julio) no alcanzan para mantener una familia de cuatro integrantes a salvo de la pobreza. Incluso si se considerara el valor que alcanzará este concepto en septiembre ($29.160), cuando se termine de aplicar el aumento de 35% negociado este año, dos salarios mínimos no alcanzarían a cubrir las necesidades mínimas que hoy tiene un hogar familiar. En línea con su promesa de recomponer los ingresos reales de las familias, y luego de adelantar las cuotas previstas inicialmente, el Gobierno anticipó que volverá a convocar al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil en septiembre para elevar el porcentaje de recomposición. Así, se alinearía la suba con el resto de las paritarias que fueron revisadas, por encima del 40%.  


El dato de suba intermensual refleja algunas bajas puntuales que se advierten en las últimas semanas en alimentos como la carne, que ajustó su precio por primera vez desde el inicio de las restricciones a las exportaciones. Sin embargo, la categoría de alimentos y bebidas en su conjunto mantiene una clara tendencia alcista, y en julio creció por encima del promedio general de la inflación (3,4% contra 3%).

La categoría de alimentos y bebidas en su conjunto mantiene una clara tendencia alcista y en julio creció por encima del promedio general de la inflación.

Según las primeras estimaciones de consultoras privadas, esta dinámica se sostendrá en agosto, con un aumento en el capítulo de alimentos que se estima de entre el 3% y el 3,5%. Sin embargo, Agostina Myronec, economista de Ecolatina, destacó una marcada heterogeneidad al interior del capítulo de alimentos.

Por un lado, los alimentos envasados de consumo masivo muestran un ritmo de suba por encima de la inflación general (entre 3,5% y 4% mensual, de acuerdo con sus estimaciones) como producto del desarme del programa de Precios Máximos, que durante más de un año mantuvo los precios contenidos. Distinto es lo que se ve en carnes, que luego de muchos meses de alza comenzó a ceder. Según la comparación de las primeras dos semanas de agosto contra las dos primeras semanas de julio el aumento de la carne vacuna es de apenas 0,2%. El dato es relevante porque la carne tienen un gran peso en la conformación de la canasta de consumo de los argentinos; en el relevamiento de Ecolatina representa el 25% de los ítems de la categoría. En agosto también se anticipa una baja de las frutas, por un tema estacional. 

DTC