Qué van a elegir los ciudadanos que atravesaron una pandemia inédita, sumidos en una crisis que lleva cuatro años y a la que cuesta encontrarle una puerta de salida. El Frente de Todos llegó al gobierno con la promesa de encender la economía. Para ello dispuso de un sinnúmero de políticas públicas que fueron en ese sentido. La pandemia, la falta de control sobre los formadores de precios y los errores no forzados, terminaron pulverizándolas.

Los números de 45 % de pobreza y el crecimiento de la indigencia no dan margen para sacar pecho y debatir mucho. Macri dejó tierra arrasada y una deuda atroz, la mayor deuda soberana del mundo. Alberto Fernández no quiso denunciar lo que recibió en el momento que debía. Ahora es tarde. “Hagan algo”, fue la frase que le salió de adentro a un laburante cuando tuvo la oportunidad de expresarle al entonces presidente Macri. Hoy sigue siendo una inmensa mayoría la que está esperando ese algo; lo que mostrará el resultado de la elección reflejará de quién lo espera.

El desalojo del macrismo del poder fue el inicio de un proceso congruente con la etapa en toda la región. A juzgar por lo que ocurre en las calles, no hay vuelta posible, no hay lugar para el desarrollo de un plan económico neoliberal, rentístico financiero que abra y reprimarize la economía, como el expulsado por las urnas en 2019. Hay que observar el fenómeno social de Chile, las revueltas en Colombia, la agonía del bolsonarismo en Brasil con el regreso de Lula a la vuelta de la esquina. Los pueblos se llevaron puesto a ese modelo. Los procesos históricos son generalmente largos, y los tiempos electorales asincrónicos. Lo que nuestros vecinos van a jugar en los dos años que vienen, los argentinos lo hacemos ahora. El mundo patas para arriba y acechanzas de todo tipo de plagas puede dar lugar a escenarios impensados. Hagamos abstracción de ello y entonces podría decirse que, a cortísimo plazo, Juntos por el Cambio tiene grandes posibilidades de obtener buenas performances electorales. Economía en números rojos, salarios destrozados, alta inflación, una caja pisada por el FMI y el Ministerio de Economía que demora la reactivación del consumo. Una gestión a la que le cuesta dar señales de vida, tras un primer año en shock sanitario y una previa electoral cruzada por la foto de un festejo de cumpleaños en Olivos, cuando la cuarentena atravesaba la fase más dura, configuran un combo funcional a la oposición. Si con esas condiciones no logran ganar ahora, difícilmente lo logren cuando la pandemia sea un recuerdo y encienda la economía.

La principal fuerza opositora en la Argentina no hace política sino a través del conglomerado de medios propios. De esa manera logró que el 100 por cien de los argentinos conocieran el desliz presidencial de compartir con 12 personas más un festejo intimo. Fernández reconoció el error, reaccionó de manera gradual. Tibiamente primero y cuando las mediciones indicaron que no era suficiente, lo hizo más enérgicamente. El impacto dio de lleno en el pecho de un gobierno que empezaba a creer que la salida a la pandemia podría permitir vender sin interferencias índices económicos venturosos. Error, el sopapo sonó fuerte y duele en la imagen presidencial con sus extrapolaciones a la fuerza política y a sus listas de candidatos, todos afectados.

El desafío de las coaliciones
El desafío de las coaliciones

Lo que vale para la Argentina lo vale para Entre Ríos. Es muy posible que la lista del Frente de Todos termine siendo la más votada en las PASO, pero también es posible que la sumatoria de las dos listas del macrismo la supere. Los estrategas oficiales confían que en noviembre se habrá vacunado a la enorme mayoría de la población y de no mediar estropicios de la variante Delta, la economía real esté al galope, redundando en el bolsillo del hombre común.

Borrón y cuenta nueva

El problema ya se ha masificado a todo el Frente de Todos. La caída del presidente en las encuestas encuentra al resto del colectivo preguntándose cómo seguirá la historia. Focalizar la defensa del Gobierno y levantar el espíritu golpeado del gabinete fueron los objetivos de la primera reunión de ministros y ministras a la que convocó este viernes en la Casa Rosada el presidente Alberto Fernández, para clausurar el escándalo del cumpleaños de la primera dama en Olivos durante la cuarentena estricta y volver a enfocar a la tropa de lleno en la campaña. Con el foco hacia adelante, el presidente le pidió al gabinete que marque las prioridades de la gestión, que le pongan el cuerpo a la campaña, poniendo en valor lo realizado y la unidad del Frente de Todos. Una señal de borrón y cuenta nueva en la previa de las elecciones.

Después de la foto del cumpleaños infeliz, vino una sobredosis de fotos de Cristina. Ella pasando al frente, para al menos contener esos votos conseguidos hace dos años, como única garante del pueblo sufriente.

Un gobierno que se concibe a sí mismo como popular, pero que no puede mostrar mejoras en la calidad de vida de su base social de sustentación. Sin ninguna duda que la situación actual podría ser infinitamente peor y mucho más sufriente para ese mismo pueblo si el gobierno sería el autodenominado mejor equipo de los últimos 50 años, pero ese ejercicio contra fáctico no alcanza a aliviar las penurias de los oficialismos a los que la pandemia complicó, a pesar de las mejores intenciones. Para peor, los sectores dominantes, aun en pandemia, la juntan con retroexcavadora. Mientras el ministro Guzmán continúa en su intento de tranquilizar la economía y controlar el dólar, las coaliciones enfrentan unas inéditas elecciones donde lo que reina es escases y apatía.

El retiro de la política, con Macri y la pandemia, lograron perforar las bases de sustentación de la democracia y el gobierno peronista debe saber que, sin justicia social ni independencia económica, se hace muy difícil sostener la soberanía política. A la pandemia se le puede adjudicar el crecimiento de los índices de pobreza, no la impavidez con que la administración de Alberto Fernández ha retrocedido ante las exigencias de los poderosos.

El reclamo por un retorno a una economía activa va de la mano con el pedido de empleo: “La única medida para recuperar a los sectores pobres no puede ser el subsidio directo. La salida es el trabajo y la producción”. “El Gobierno prometió blanquear a cuatro millones de compañeros. Es una decisión política. Hay que buscar una forma de blanquearlos para que tengan acceso al crédito”, es un reclamo de las organizaciones sociales.

Cristina habló de la "pandemia económica", es decir, puso en cuestión de que solo en nuestro país suceden problemas que, en realidad, son globales. Endeudar para fugar: el negocio de las élites. Las élites apuestan al endeudamiento externo para obtener divisas que no son destinadas al crecimiento de la economía. Las divisas se utilizan para la timba financiera y se fugan a cuentas del exterior. Las estrategias de los grupos económicos concentrados para acumular son: especulación, evasión, elusión, poca inversión y fuga de capitales. Hay que exponer el mito cultural de pensar que todos los problemas ocurren solamente acá, que es falso y que las élites en el mundo utilizan el capitalismo financiero como forma de acumulación. Ese es el negocio.

No hay mucho más que Fernández en el microclima panperonista, aunque todo dependerá de los dos últimos años de gestión. Mientras esto pasa, hay una campaña electoral que parece no interesarle a casi nadie. Los antecedentes que llegan de los comicios provinciales en Misiones, Jujuy y Salta marcan un alto grado de abstencionismo.

La doble vara

La sistemática y perversa práctica macrista ha logrado que para buena parte de los argentinos se naturalice la doble vara con la que los medios y la justicia evalúan las conductas de cada quien. En estos días quedó palmariamente demostrada con la invisibilización de la fiesta de cumpleaños de Lilita Carrió con más de 70 personas, incluidos conocidos dirigentes radicales de nuestra provincia. No hubo difusión, ni indignación, ni cuestionamientos, ni apertura de causas judiciales.

Pareciera que al gobierno sólo le queda esperar con más chances la batalla final de noviembre. El oficialismo deberá tener alguna hoja de ruta que permita delinear un horizonte. Algo que sacuda la modorra de la pandemia, que patee el tablero distributivo, que disrumpa.