Fue la frase que acuñó el equipo de campaña de Bill Clinton para enfrentar a George Bush padre, que buscaba su reelección. Un año antes, el presidente Bush tenía niveles de aprobación superiores al 80%. Pero la economía atravesaba una etapa de recesión y el estratega James Carville la agarró de volea. Sea para repetirla, reformularla o refutarla, no hay especialista en marketing político que no la tenga presente. La frase "is the economy, stupid" se convirtió en la explicación más simple de la incidencia de factores económicos como crecimiento, inflación o empleo a la hora de votar. La política internacional del republicano -en cuyo período la caída del Muro de Berlín puso fin a la Guerra Fría y la primera Guerra del Golfo, le permitió a Estados Unidos liderar una amplia coalición internacional-, lo mostraba como favorito. Nada le alcanzó.

En rigor, el cartel colgado en el bunker de Clinton tenía tres frases que pretendían resumir el espíritu que el candidato debía internalizar para su campaña. La famosa era la del medio. La anterior decía: "Cambio o más de lo mismo". La última rezaba: "No te olvides del sistema de salud".

Es la economía, stupid

Cuatro años más tarde, Clinton volvió a usufructuar la importancia de la economía para sofocar el escándalo con Mónica Lewinsky y logró retener el poder. Para entonces, el desempleo había caído y el país vivía uno de los periodos de crecimientos más prolongados de su historia.

Según el último informe de Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra): “En el segundo trimestre de 2021 el salario real de los trabajadores registrados en el sector privado cayó 4,2% respecto a igual período de 2020 y 5,3% respecto a 2019. Así, el poder adquisitivo del salario es 20,1% menor al 4° trimestre de 2015”.

Alberto Fernández enfrenta en estas condiciones una elección legislativa a través de la cual la ciudadanía enviará algún mensaje que la política, y particularmente el oficialismo, deberá decodificar rápidamente.

Por el momento el gobierno centra su atención en la madre de las batallas. Así denominaba un veterano y fiel compañero de Néstor Kirchner a las elecciones en la provincia de Buenos Aires, el distrito de mayor población y complejidad socioeconómica del país.

El gobierno de Axel Kicillof aprueba en todas las encuestas y la huida hacia la ciudad de la ex gobernadora Vidal fue la admonición de una segura, nueva y contundente derrota.

Sin embargo, no todo es tan lineal. El macrismo primero y la pandemia después, empujaron a un 42% de la población a la pobreza, un 11 % de desempleo y niveles de inflación superiores al 50% anuales.

Ganar una elección legislativa con el poder de compra de los salarios dinamitado y altos niveles de pobreza, suena a proeza de difícil concreción. Esta elección viene de nalga para el oficialismo y como sostuvimos en la columna del pasado domingo, la situación configura la mejor oportunidad para la oposición, que puede hacer una buena elección e incluso ganar algunos distritos. Si el macrismo no lo logra ahora, que se olvide por largo tiempo. Las encuestas pueden fallar. La apatía electoral es fortísima y favorece al oficialismo que tiene además a su favor la memoria popular del inmenso daño social sufrido, una oposición que a menudo da vergüenza a propios y extraños, índices macroeconómicos que dan esperanza y una exitosa campaña de vacunación. No es poco. Tampoco es seguro que alcance.

Entre los ríos

El centro de atención se ubica en la interna cambiemita. Lo novedoso es la aparición del espacio que nuclea a intendentes radicales en convergencia con el Pro, que no logró domesticar, ni con látigo ni billetera, Rogelio Frigerio. Las operaciones de Martín Lousteau desde Capital Federal produjeron bajas en el equipo de los intendentes, pero los radicales que acompañan al ex ministro de Macri también llegan raleados.

Hay quienes inexplicablemente desde el FdT minimizan el rol de Frigerio en el gobierno de Macri. Con ello lo disculpan de todas las malas artes que guiaron la política nacional entre 2015 y 2019. La UOCRA vio derretirse la cantidad de trabajadores de la construcción registrados en un 60 % en ese periodo. Casualmente el mismo periodo en el que el candidato era el responsable de la obra pública y la construcción de viviendas, que no por casualidad brillaron por su ausencia en esta provincia.

Beneficiado por esa mirada indulgente, el candidato avanza, y a tono con los tiempos ofrece una propuesta intelectual y propositiva limitada. Por ahora parece alcanzarle con su invocación a “frenar al kirchnerismo”. Con eso agrada a radicales desmemoriados y peronistas enojados. Una alianza similar a la de De Nárvaez, con sectores del peronismo no oficial, las patronales rurales, y con un sector conservador del radicalismo. Claro que puesto en el lugar de victorioso sería infantil comparar la construcción política potencial del ex ministro con el dispendio de capital político del Colorado.

Con un ojo en las encuestas, cada vez que puede (y puede mucho), dispara contra un presidente devaluado. Alberto Fernández que, según su entorno, “es así”, está en su peor momento. Es posible que Dylan lo cuide más que el tándem conformado por el Secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello, y el portavoz, Juan Pablo Biondi. En esa situación, el Frente de Todos entrerriano decidió darle al rol del Estado y a la realización de obras públicas el centro de su estrategia de campaña. No menciona a Frigerio, acierta en identificarlo como “el ministro de Macri” y deja que la disputa interna del macrismo haga la tarea de desgastar la figura que se instala con una potencia desconocida en la provincia. La influencia y penetración de los medios capitalinos, sumado a la pauta millonaria del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en medios entrerrianos hacen una ecuación perfecta. Muestran al candidato sin pasado, borran que fue funcionario de Menem, presidente del Banco Ciudad, legislador porteño y uno de los ministros más importantes de Macri, de los pocos que llegó hasta el final de mandato.

Frigerio habla del estancamiento de la provincia donde no vive ni él ni su familia, no hace criticas fuertes a dirigentes de los que fue socio, como Jorge Busti, y tampoco con quien mantuvo buen trato institucional, como Bordet y Cresto. Inteligente estrategia que impide a estos últimos responderle con rigor. La ganancia claramente es del ex ministro, que tiene a los medios hegemónicos dándole duro al gobierno nacional y todo lo que este cerca.

Mientras tanto el poder real mueve los hilos y avanza con el cronograma de juicios a figuras del peronismo entrerriano. Por estos días se frotan las manos y descorchan de antemano, apostando a que finalmente el juicio a Urribarri y a dos de sus ministros, hará las veces de acto de cierre de campaña. En esta provincia nadie se anima a hablar de lawfare y denunciar la existencia de una mesa política judicial. Quien lo hizo fue el ex vocal del Superior Tribunal de Justicia, Emilio Castrillón. Meses después salió eyectado de su lugar. Frigerio es parte de algo más grande que se viene manejando desde el centro de poder y pretende ser él mismo quien encarne el liderazgo en nuestra provincia, que integra la franja amarilla del mapa de Argentina que dejó la última elección nacional.

Lo único que coinciden las encuestas de todos los sectores, que todavía hay un 20 % de indecisos. Y allá van en busca de esos votos los partidos más chicos. La lista Celeste Entrerrianos por la Vida, el Trabajo y la Libertad, que lleva como candidata a Miriam Müller, comenzó a sumar a Javier Millei y Gómez Centurión en su material de campaña. Cuentan con una red provincial interesante y su boleta está siendo distribuida en todo el territorio. Se espera también que Lucía Varisco conquiste al sector del radicalismo que no quiere saber nada con el PRO. El Socialismo y la Izquierda llegan cansados y sin figuras que conciten alguna expectativa.

Contrariamente a lo que algunos analistas creían respecto de que otras figuras expectables del peronismo no iban a trajinar con nobleza una campaña que podría cristalizar las expectativas del joven Enrique Cresto para disputar el sillón de Urquiza en el 2023, no se observan egoísmos. Pareciera que la figura de Frigerio hizo un aporte a la unidad del oficialismo que día a día cierra filas detrás de la lista única encabezada por el concordiense. La Liga de Intendentes Justicialistas dista mucho del volumen que ostentaba 6 años atrás. Hoy son pocos, pero importantes. Ninguno está escondido. Un repaso por la agenda de los más importantes muestra que Daniel Domingo Rossi está haciendo todo para refrendar sus cinco elecciones como jefe territorial, lo mismo se observa con el accionar de Martin Oliva en Concepción del Uruguay, Alfredo Francolini en Concordia, Claudia Monjo en Villaguay, Martin Piaggio en Gualeguaychú y Adán Bahl en Paraná. Quizás a los dos últimos les toque bailar con la más fea. Se sabe que el electorado de Gualeguaychú es arisco y funciona con variables porteñas. Por su parte Paraná se inscribe en el segmento de grandes capitales que en su gran mayoría vienen siendo refractarias a propuestas cercanas al imaginario Nac&Pop. Consciente de ello el presidente municipal capitalino se esfuerza en imprimir velocidad a una gestión que muestra un interesante mejoramiento en los servicios y un abanico de obras estructurales en marcha. Un porcentaje mayor de paranaenses ha detectado la gestión y la evalúa positivamente. Primer aprobado. En la última semana también compartió riesgos. El horno no está para bollos, sin embargo, acompañó a Cresto a caminar la peatonal y a hablar con comerciantes. Del desafío salieron indemnes y hasta fortalecidos. Segundo aprobado.

Es la economía, stupid

Tanto correr pa' llegar a ningún lado

La chacarera de Carlos Carabajal describe el actual estado de cosas, después que Macri de un plumazo y por decreto pulverizó la ley Nº 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual. Aquella construcción colectiva que se amasó durante años para restañar la afrenta de tener una comunicación regulada por una ley del gobierno militar, fue presentada por Cristina un 27 de agosto de 2009. Antes de ayer se cumplieron exactamente 12 años. Ese proyecto fue analizado y debatido en 23 foros en todas las provincias, con la más amplia y libre participación.

La regresión fue brutal. El campo de los medios audiovisuales sigue siendo mayoritariamente comercial, el espacio público es una lágrima y salvo escasas excepciones (¡la UNER es una de ellas, Felicitaciones!!!!), organizaciones no gubernamentales, cooperativas, universidades, iglesias, sindicatos, asociaciones de profesionales, no han podido acceder a frecuencias para poder hacer conocer su voz.

Es la economía, stupid

“Puesto menor”, le contestó con sorna Héctor Magnetto a un ex presidente que le recriminaba pretender su lugar. Efectivamente hubo y hay en la Argentina un supra poder instalado por encima de las instituciones y poderes de la República, que condiciona y limita la acción de los gobiernos electos por las mayorías populares. La superestructura de medios que hace periodismo de guerra es su brazo armado. Funciona como mafia, envenena 24x7 las vidas de los argentinos inoculando odio, bendiciendo injusticias y tergiversando la realidad. Muestra que aquella sociedad mejor y más igualitaria que se soñó con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue una quimera a la que será necesario volver, como David a Goliat.

Vaya el reconocimiento a todos los que durante tanto tiempo esperaron, trabajaron y lucharon para que por un tiempo aquello fuera posible. Con ello la esperanza de que Alberto Fernández reconozca la necesidad de una ley que reestablezca el derecho a la información como derecho humano y la pluralidad de voces, en una Patria escarnecida por la concentración mediática en manos del poder económico y financiero.