La pandemia oscureció horizontes, nubló esperanzas, difuminó expectativas. Todo se redujo a cuidar la vida. La economía global se resintió y en el sálvese quien pueda se terminó de conocer quién es quién. Como en un naufragio, estuvieron los que cedieron lugares y ayudaron a seguir a flote. También los que dijeron e hicieron lo imposible para que murieran todos los que tenían que morir. Los registros estadísticos de la Argentina muestran varias semanas de lenta pero sostenida caída de contagios y de muertes. La tan vapuleada campaña de vacunación se sostiene en niveles fenomenales, tanto que ya el sector etario de las adolescencias empezó a recibir la suya. Heroico esfuerzo del sector sanitario en general. Medalla de oro para la política que logró revivir a un Ministerio de Salud de la Nación que el macrismo creyó haber asesinado. El coctel de vacuna e inyección de recursos, en distintas proporciones, que el gobierno fue implementando con prueba y error, dio sus frutos, y como dijera un recordado vicegobernador santafesino, la actividad económica empieza a renacer “como el gato Félix”. Claro que no es magia. Por caso la caída del empleo en Brasil y Chile fue bastante más abrupta que en la Argentina. Esta columna apuesta que esas siglas raras como ATP y REPRO algo habrán tenido que ver.

Feo año para hacer campaña

Entre el inicio de la pandemia en esta latitud del continente y hasta el nivel más bajo de empleo, la contracción fue del 17% en Chile, de 14% en Brasil y de sólo 3% en Argentina.

Es difícil imaginar que el mejor equipo de los últimos 50 años hubiera prohibido despidos sin justa causa, o hubiera puesto en marcha la maquinita para ayudar a que las empresas abonen las remuneraciones a través de los programas antes mencionados. Menos que menos a brindar un marco institucional para que se definan acuerdos colectivos que permitan aplicar suspensiones de personal en sectores afectados por la pandemia, manteniendo un piso de ingreso del 75% del salario.

En ese marco, y con el mundo patas para arriba, empezamos a transitar un año electoral. Feo año para hacer campañas políticas electorales. Las perspectivas hace algunos meses atrás eran cuanto menos inescrutables y el macrismo se relamía pensando en que la situación empeorara. Por esa razón hicieron escándalos cada vez que el gobierno insinuaba posponer la elección de medio término. El republicanismo y sus valores estaban por encima de la vida. Final, y afortunadamente, el “cuanto peor, mejor” no se da. Y tampoco garpa. Sin embargo, la situación no es color de rosa, ni mucho menos. Con esos márgenes tan acotados, los distintos frentes electorales comenzaron sus campañas. “El movimiento se demuestra andando” profesaba Carlitos Balá. Las debilidades y fortalezas también.

Juntos por el Cambio

Con su jefe recluido en la millonaria Fundación FIFA, los restos de la Alianza Cambiemos exhibe los problemas propios de un liderazgo vacante. En las últimas semanas la grieta provocó socavones dentro del propio frente opositor. Al radical Facundo Manes sus socios del PRO lo recibieron como si fuera un enemigo. Los ejércitos de trolls creados por Macros Peña volvieron al ataque, pero esta vez apuntan contra propios también.

Además de esa interna con disparos a quemarropa en la provincia de Buenos Aires, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, amenazó con romper la coalición si sigue el maltrato. Para evitar las acciones bélicas de campaña, elaboraron un código de convivencia que fue incumplido a las horas de darse a la luz.

La guerra de egos en Juntos por el Cambio amplía el hándicap de un oficialismo que venía de una sucesión de errores no forzados. En vez de hacer foco en la gestión y/o las políticas públicas, la oposición apunta a las madrugadas en Olivos. El intento de convertir las visitas del género femenino en un revival de los 90, con Carlos Menem de anfitrión, será apenas una lluvia de verano. Además, la incorrección política de atacar a mujeres con una violencia inusitada tiene choca de frente con un colectivo enorme cada día más empoderado y politizado. No es negocio. Salvo que sea una estrategia deliberada para no entrar en un debate profundo y evitar hablar de economía, salud y otras aristas centrales en las que el macrismo puede perder por goleada.

Parecido en términos de violencia e incorrección es la aparición del ex ministro de Interior Florencio Randazzo. Es posible que la edición del spot parodiando a Cristina se deba a la necesidad de patear el tablero, so pena de no mover el amperímetro. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Randazzo no es la excepción y va camino a tropezar peor que en 2017. El objetivo no es más que alcanzar el 1,5 % del padrón para poder pasar a la elección general. De todas maneras, las fuerzas políticas que aún tienen algo de sustento en construcciones de base popular deben formularse algunas preguntas acerca de nombres como Florencio Randazzo, Diego Bossio o Juan Manuel Abal Medina.

Mientras tanto el gobierno profundiza su mejor campaña, la de vacunación, y pone en la cancha distintas medidas que puedan satisfacer las demandas inmediatas de los ciudadanos. Desde el relanzamiento ampliado del Ahora 12, que alcanzará a 18, 24 y 30 cuotas, hasta la reapertura de las paritarias y elevar el piso del salario mínimo, vital y móvil.

En la provincia, el dato a considerar es la participación del gobernador en la campaña. Se sabe que Bordet no habla con muchos. Los pocos con los que lo hace sostienen que tiene un fuerte compromiso y que quiere ganar está elección. No es poco para el oficialismo que su principal elector asuma un rol determinante en el proceso electoral. En un encuentro con intendentes y legisladores, el mandatario sostuvo que “en este momento nos convoca la historia. Estamos saliendo de una pandemia, vacunando y cuidando a nuestra población, con la expectativa de poder retomar esta vida que queremos”. En esa misma reunión se definieron los lineamentos de la campaña. El senador Edgardo Kueider, quien oficia como jefe de campaña, llamó a ratificar el “rumbo estratégico” del gobierno nacional, y sostuvo que “en estas elecciones decidimos cómo queremos salir de la pandemia, si con trabajo y reactivación, o volviendo al pasado que no funcionó”. También remarcó la unidad alcanzada. “Unidad para salir de la pandemia, para que haya más trabajo, para reconstruir el país”.

El oficialismo se muestra unido, a diferencia de cierres de listas anteriores, no hay demanda de espacios para hacer catarsis y para nadie es negocio perder. Saben que está elección es el punto de partida para el 2023. Que el 2021 condiciona el 2023, pero que esa es otra historia y allí todos tienen intereses que preservar.

En tanto, la oposición entrerriana intenta que la disputa en las bases no escale a lo mediático. Para ello el precandidato a diputado Rogelio Frigerio minimizó las diferencias con su adversario interno Pedro Galimberti. El ex ministro de Macri entiende que en las PASO se va a elegir “a quien esté más preparado para ganar la elección general”. Defendió su proyecto de provincia para 2023 pero insistió con que “el futuro se juega ahora, en 2021”.

La temperatura del enfrentamiento interno escalaba. El que tiene más para perder es Frigerio. Desde Elisa Carrió, que lo trato de indeseable, hasta Etchevehere que le enrostró su falta de entrerrianía y que su candidatura era muy forzada. Por esa razón el ex ministro de Macri intenta relativizar la resistencia interna restándole importancia a la elección. Sin billetera, el discurso es limitado. Entusiasmar a un público con un mensaje anti, nunca ha sido fácil. Pero si además es lo único que se tiene, es complejo. Hoy por hoy no puede mostrar mucho más que un discurso en defensa de la propiedad privada y contra el autoritarismo. Ni lo primero ni lo segundo están en cuestión y menos que menos en la agenda de las mayorías. Plantearlo es como arar en el vacío. En todo caso la novedad fue reconocer públicamente una alianza que ya era conocida por todos con el radical Fabián Rogel.

Feo año para hacer campaña

La opción celeste promete dar que hablar

“Entrerrianos por la Vida, el Trabajo y la Libertad” presentaron una lista que se plasma con el sello de Partido Conservador, en una coalición con el Partido NOS del excandidato a presidente, oficial retirado y veterano de Malvinas, Juan José Gómez Centurión.

“Somos 100% defensores de las dos vidas y con una marcada identidad patriótica”, expresaron los candidatos, encabezados por la exdirigente del PRO de Paraná, Miriam Müller.

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También integra la nómina, en cuarto lugar, Ricardo Mathé, un dirigente de San Salvador que fue uno de los fundadores del PRO en Entre Ríos. En segundo, tercero y quinto lugar de la lista van referentes del Partido Conservador, Sebastián Iglesias, Liliana Salinas y Mariela David, respectivamente.

Prometen derogar la ley del aborto y frenar el proyecto de ley de eutanasia. Desde la coalición dicen que sus candidatos “encarnan los valores de la vida, el trabajo y la libertad, el campo y la lucha contra la corrupción”.

Mientras tanto transcurre el inicio de una campaña donde por un lado el oficialismo intenta lograr una sensación de normalidad (para ello anunció un plan de reaperturas progresivas de actividades, con un ojo en la pospandemia y otro en las urnas). Del otro lado, la oposición dirimirá su conducción en busca de lograr un posicionamiento para el lejano 2023. En el medio se encuentra la sociedad, entre la depresión de la realidad y el ruido indescifrable de una campaña que recién comienza.