En las últimas semanas el Gobierno aceleró los demorados contratos con los laboratorios Pfizer y Moderna y hubo quien leyó en esa gestión una jugada de cara a las elecciones; si no se puede corregir el frente económico, al menos se buscará obtener el reconocimiento del electorado en la gestión de la pandemia. En realidad, ambas cosas son una. Parte central de la recuperación económica está atada a la vuelta a la normalidad, aunque el Gobierno buscará alimentarla también por otros frentes: obra pública, exportaciones y consumo. 

Si la evolución de la pandemia es efectivamente favorable, impactará especialmente en los sectores que más dependen de la circulación como turismo, gastronomía y servicios culturales. Si bien se espera que se mantengan durante todo el año por debajo de los niveles prepandemia (a excepción, tal vez, de gastronomía), son rubros que cayeron hasta 60% respecto de los niveles de principios de 2020 y el Gobierno consideraría un gran avance contraer esas bajas a niveles de entre el 20% y el 10%. “Eso ayudaría a recortar fuerte la caída del PBI, sobre todo porque hay otros sectores que están por encima de los niveles prepandemia, por ejemplo la industria, y se puede esperar que eso se sostenga”, apunta un funcionario.

Por otro lado, el Gobierno buscará impulsar la obra pública, sector que se planteó como estratégico para la recuperación ya en septiembre pasado, cuando se decidió duplicar la partida del ministro Gabriel Katopodis en el Presupuesto, que pasó de 1,1 puntos del PBI a 2,2. Aunque todavía no alcanzó los niveles de 2018 (está 5,6% por debajo), la obra pública muestra una recuperación sostenida del empleo formal desde julio de 2020 y es dable esperar que continúe traccionando en los próximos meses, impulsando además la industria de materiales de construcción. 

En mayo pasado, el último dato publicado por el Indec, la actividad cayó 2% en términos desestacionalizados respecto del mes anterior. La actividad comenzó a recuperarse a mediados de 2020, luego del primer pico de casos de coronavirus, pero ese ciclo se interrumpió en febrero pasado, cuando entró en un declive. El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) arrojó una caída intermensual de 0,4%, una mejora de apenas 0,1% en marzo y una nueva baja en abril, del 0,3%. 

De acuerdo con las estimaciones hechas por el Ministerio de Desarrollo Productivo a partir del consumo energético de la industria, la tendencia ya volvió a recuperar el signo positivo. "Tras el freno económico derivado de la segunda ola y con el rápido avance de la campaña de vacunación, la economía retomó la senda de la recuperación en junio", asegura el último panorama productivo del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI).

El oficialismo también especula con alguna mejora por la vía de las exportaciones si la economía mundial mantiene el ritmo de recuperación y sostiene no solo la demanda de bienes primarios (donde ya quedó atrás la temporada fuerte de liquidación) sino industriales. Para eso será determinante lo que suceda con Brasil. 

Sin embargo, la apuesta central del Gobierno es mejorar la demanda interna mediante la recuperación del poder adquisitivo de los argentinos y argentinas. Prepara un impulso fiscal que cambiará el eje respecto de lo que se vio en el primer semestre, en el que Martín Guzmán cerró con un déficit primario de apenas el 0,5%, ayudado por ingresos extraordinarios y un ajuste minucioso.

Lorena Giorgio, economista jefa de Equilibra, estima que entre bonos a jubilados, refuerzos de asignaciones y ampliaciones a programas ya existentes las medidas de impulso al consumo sumarán 0,75% del PBI en el segundo semestre. "Contabilizando el costo fiscal de programas de crédito a tasas subsidiadas y el mayor gasto de capital que prevemos para los próximos meses, el push electoral total rondaría el 1,2% del PBI en el segundo semestre", detalla. Giorgio anticipa que la segunda parte del año sumaría un déficit primario de 3 puntos del PBI, financiado mayormente con emisión del Banco Central.

Este impulso ya comenzó a verse con el bono de $5.000 anunciado para jubilados que cobran hasta dos haberes mínimos, el refuerzo de programas como la tarjeta Alimentar y la AUH, la reducción del universo alcanzado por el impuesto a las Ganancias (y la devolución retroactiva de lo ya tributado) y la decisión de reforzar el programa de compra en cuotas Ahora 12, que en el primer semestre de 2021 generó 16,3% más de ventas que el mismo período del año pasado, en términos reales. 

La reapertura de las paritarias y el aval para cerrar acuerdos por encima del 40% también van en el sentido de mejorar los salarios,  otra apuesta central —y explícita— del Gobierno. Martín Vauthier, economista de Anker Latinoamérica, considera que para llegar a las elecciones con los ingresos creciendo en términos reales el Gobierno buscará  “anestesiar la inflación” con un anclas tarifaria y cambiaria, además de controles de precio. Para que la estrategia sea exitosa, es necesario que la inflación no degluta los incentivos. 

“Ahora, el margen para hacer esto en un contexto donde la demanda de dinero es muy débil y la economía no tiene financiamiento es acotado”, agrega Vauthier. El riesgo es que la emisión y la suelta de pesos en la calle presionen sobre el dólar y sobre la inflación. “Estas tensiones generan que los intentos de impulsar la economía en estas condiciones, con una macro tan frágil, encuentren sus limitaciones muy rápido”, apunta.
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