¿Hay antecedentes de un Mauricio Macri más pragmático que ideológico, capaz de domesticar su orgullo y correrse a un segundo plano aunque sea a desgano? Sí, hay. Hace diez años, el entonces alcalde porteño creía que había llegado su momento de pelear por la presidencia. A principios de 2011, Macri estaba confiado. Marcos Peña, Nicolás Caputo y Horacio Rodríguez Larreta lo alentaban. Pero Jaime Durán Barba y su socio Santiago Nieto hicieron los cálculos finos. Encargaron encuestas y focus group. ¿Qué concluyeron? Que era imposible ganarle a Cristina Kirchner, especialmente después de la muerte de Néstor Kirchner. “Los números no te dan”, le explicó Durán Barba.

La escena ocurrió en el living del consultor ecuatoriano, en un departamento ubicado sobre la avenida Alvear. Toda la jefatura del PRO estaba presente en el tercer piso al contrafrente donde vive Durán Barba. “Quiero ver número por número”, reclamó Macri. El heredero de Franco estaba desacostumbrado a la posibilidad de no ganar con facilidad, tanto en su exitosa aventura como político, en su trayectoria como empresario o en la vida a secas. 

Durán Barba accedió al pedido. Él y Nieto empezaron a leer alternadamente las percepciones sociales, traducidas en cifras, sobre Macri y Cristina. La entonces presidenta lo superaba en todos los ítems: imagen positiva, identidad, credibilidad. A regañadientes el ingeniero terminó dando por válido el panorama derrotista.

Antes de asimilarlo por completo, se reunió con los dos CEOs más importantes de la Argentina para anunciarles en persona su mini-renunciamiento. Macri se postuló resignado a la reelección en la Capital. La táctica del repliegue funcionó. Tomó envión y, cuatro años más tarde, alcanzó el objetivo que se había trazado en 2001, cuando imaginó en serio la idea de ser presidente.

Un exministro de Macri, uno de los que todavía le tiene aprecio y lo respeta como líder político, ve un paralelo entre aquel corrimiento y su actual decisión de quedarse en bambalinas. Pragmatismo de brazos caídos, con una década de distancia. Pero con una diferencia clave: en 2011 su carrera política todavía iba en ascenso. Ahora parece entregarse mansamente a la construcción de una figura inofensiva: la del expresidente sabio al estilo estadounidense. Un león herbívoro o un “hombre de consulta”, según sus propios términos.

Desde hace semanas, el expresidente bajó drásticamente su perfil. El 27 de junio viajó rumbo a Madrid junto a Juliana Awada. Después de darse un baño de antipopulismo global en un foro organizado por el derechista Partido Popular español, se recluyó en Zurich. Ahí hizo base en su condición de presidente de la Fundación FIFA, un cargo concedido generosamente por su amigo suizo Gianni Infantino.

El 13 de julio planeaba volver. Pero las restricciones impuestas por Alberto Fernández lo convirtieron en un argentino anclado en Suiza. El hecho de estar a más de 10 mil kilómetros de distancia de la rosca y del cierre de listas le facilitó la tarea de salir del centro del ring. El gobierno, sin embargo, lo invocará una y otra vez.

La estrategia, según revelan en el PRO, está pactada con Horacio Rodríguez Larreta. La relación entre ambos es un zigzag emocional, táctico e ideológico. El alcalde no apuró el "parricidio" que algunos le reclamaban para mostrar autoridad y ambición presidencial rumbo al 2023. Lo corrió sin violencia. Y Macri se dejó correr. El ingeniero apenas influyó en el cierre de listas. Patricia Bullrich sintió que Macri no la apoyaba lo suficiente como para encarar un desafío electoral a María Eugenia Vidal en la Capital.

Sus apadrinados en las boletas no llegan a diez: Hernán Lombardi, Fernando Iglesias, su secretario Darío Niego, Federico Angelini en Santa Fe y Gustavo Santos en Córdoba. Pocos, pero ruidosos. Los ángeles mauricistas son bulldogs ideológicos y mediáticos, siempre alerta ante los movimientos del kirchnerismo. Y espacialmente, frente a los del larretismo.

La postulación del economista Martín Tetaz no fue una ocurrencia de Macri. El jefe del PRO, sin embargo, está encantado con la performance del excolumnista radial, según le comentó por teléfono a uno de sus créditos electorales.

Desde hace una semana, Macri y Awada pasean por Madrid. Ya consiguieron pasaje de vuelta, según averiguó elDiarioAR. Su vuelo saldrá el martes y aterrizará el miércoles en Ezeiza. Si bien resta la autorización de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), la decisión parece ser una mera formalidad. La ampliación del cupo para los regresos de argentinos potencia las chances de retorno macrista. El matrimonio aprovechó la estadía para ayudar a Valentina, la hija mayor de Awada. La chica de 18 años piensa quedarse a vivir temporalmente en la capital española. 

¿Macri levantará el perfil a su vuelta? ¿Hará campaña explícitamente por los aspirantes amarillos? Hasta pocas horas antes de partir rumbo a España, Macri le insistía a Rodríguez Larreta en dos puntos: que María Eugenia Vidal encabezara la lista bonaerense en lugar de Diego Santilli; y que Patricia Bullrich fuera la primera de la lista en la Capital. Larreta, Vidal y Santilli lo desoyeron en todo.  

“Tampoco va a hinchar por Manes, pero la jugada en Provincia es 100 por ciento de Horacio y no de Mauricio”, advierte un dirigente que se mantiene leal al egresado del Cardenal Newman. 

Cerca del expresidente aseguran que a Macri le espera una agenda con pedidos proselitistas de las 24 provincias. Con PASO del frente opositor en 17 provincias, el respaldo del expresidente podría resultar beneficioso en una elección primaria. Una vez que se instale en su oficina de Olivos, Macri analizará cautelosamente en qué interna alzará la voz. Lo coordinará con los candidatos provinciales y lo charlará previamente con Rodríguez Larreta. En las primarias peleadas, evitará tomar partido. También se mostrará prescindente en provincias como Córdoba, donde compiten listas cruzadas entre el PRO y la UCR. 

“Quizás su presencia en la general le reste a algunos candidatos, pero en la PASO a muchos les puede servir. Hay un 30 por ciento de la sociedad que todavía es de él, no de Horacio, sobre todo en zonas más agrícolas y conservadoras. Y ese capital tranquilamente te vuelca una primaria dentro de Juntos”, razona un diputado que habla seguido con Macri.

La candidata porteña María Eugenia Vidal fue una de las que percibió ese potencial de su (ex)jefe. La exgobernadora está jaqueada desde la derecha por la lista de Ricardo López Murphy. Y todavía se encuentra bajo observación crítica por parte del núcleo más rabioso e irreductible de los votantes amarillos. Ante ese fuego amigo, a Vidal no le vendría mal renovar sus credenciales mauricistas. “Espero que sea parte de la campaña de Ciudad de Buenos Aires y provincia de Buenos Aires”, lo invitó Vidal. Mariu emitió ese mensaje Macri-friendly desde la pantalla de LN+.