Silvia Ontivero es mendocina, pero hace 30 años se radicó en Chile, cruzando la cordillera impulsada por un vínculo de amor. Se quedó a vivir, y actualmente, con 75 años, administra una pyme “del mundo de las tecnologías”, lo que según ella le permite “actualizarse” de forma permanente. Se formó en Ciencias Políticas y su actividad militante la llevó a la cárcel tres veces, siendo la más prolongada la de la última dictadura cívico - militar argentina.

Se describe a sí misma como una sobreviviente, alguien que tuvo la “suerte” de ser detenida durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, lo que le permitió ser efectivamente una detenida y no una desaparecida. Con su liberación, a la vuelta de la democracia, comenzó lo que ella llama “la otra parte importante de mi vida”: brindar testimonio en los juicios de lesa humanidad. Para Silvia, ésta es “la razón para mantenernos de pie quienes quedamos con vida de esa experiencia horrorosa de los campos de concentración. Con todo lo que se puede criticar de Argentina, los juicios de lesa humanidad son ejemplo en el mundo”. Cuenta con orgullo que, en Mendoza, hasta los jueces que fueron responsables de las detenciones en esa época cumplen hoy cadena perpetua. 

El ejemplo argentino contrasta con su país de adopción, donde no hubo juicios, o incluso con otros países vecinos, como Uruguay, que a su parecer “tuvieron la posibilidad de hacerlos. En Argentina quienes salimos de las cárceles tomamos esa responsabilidad y nos organizamos. Eso no pasó en otros países”, señala. Andando ese camino, escribió junto a otras 111 compañeras “Nosotras presas políticas”, un libro que cuenta la vida cotidiana de mujeres que compartieron el encarcelamiento y, para resistir, plasmaron esa rutina carcelaria en poemas, dibujos, cartas y anécdotas. 

Esta obra tuvo su continuidad en otra presentada esta semana: “Nosotras en libertad”, donde 200 ex presas políticas cuentan en primera persona como fueron sus trayectorias de vida luego de salir de la cárcel de Devoto. Olivia Cáceres de Taleb, Susana Richardet, Cristela Godoy, Mariana Fumaneri, María del Rosario Badano, Lidia Subovsky, Cristina Lucca, Alicia Ferrer y María Julia Giusto son las entrerrianas que aportaron su testimonio para esta construcción colectiva que ya está disponible en la web de forma gratuita.  

El lazo entre ellas y Silvia fue lo que nos condujo a esta entrevista, intentando trazar una línea histórica entre aquellas luchas y el proceso de transformación que actualmente vive el pueblo chileno. En ese país, Ontívero continúa su militancia por los derechos humanos, siendo parte del Directorio del Campo de concentración Puchuncaví, recuperado como  Espacio de la Memoria V región. “Aquí son muy proclives a construir monumentos y museos de la memoria. El gobierno, incluyendo a los socialdemócratas, han fomentado esto, pero nunca impulsaron los juicios. En la nueva constitución se está viendo el tema de los derechos humanos, pero creo que los juicios ya no se van a hacer, porque la mayoría de las y los testigos ya no están”, remarca la militante.

La relación con lo público y la participación ciudadana

Al narrar los debates que se vienen dando para escribir la nueva carta magna chilena, asegura que si bien hay conciencia de las transformaciones que son necesarias, “harán falta décadas para cambiar la cabeza de la gente”. Señala que en ese país “todo es privado. Es la herencia de 40 años de Pinochet”, cuando se privatizó el agua, la salud, la educación y la administración de los aportes jubilatorios. “No hay noción de Estado, se confunde con gobierno, pero a su vez, está la percepción de que todo lo del gobierno es malo. Mucha gente llega a Chile creyendo que es Miami, pero la pobreza que hay es horrorosa. Te muestran Viña del Mar, que es hermoso, pero después cuando vas a los cerros, ahí está el otro Chile”, afirma. 

Silvia es parte activa de los Cabildos, una forma de organización participativa nacida al calor del estallido social que sacudió Chile, similar a las Asambleas Ciudadanas que Argentina supo ver en 2001. Estos espacios permitieron que cada barrio se vinculara con barrios cercanos, conformando zonas desde donde surgieron quienes luego fueron elegidos para escribir la nueva constitución. Su región es representada por un joven progresista, quien acompaña como vicepresidente a Elisa Loncón Antileo, la profesora mapuche que preside la Convención Constituyente.

De las 155 personas electas para este proceso, solo 30 representan a la derecha. Para Ontívero, si bien la mayoría no tiene altos niveles de formación académica, “viven, tienen noción de los problemas de la cotidianeidad. Además, existe un mecanismo de consulta permanente con los espacios de participación, y por eso hay tranquilidad de que cada propuesta, cada tema, va a llegar. En estos grupos hay una gran diversidad, independientes, de las universidades, de grupos políticos, ecologistas, veganos, diversidad sexual. Es todo muy democrático y eso me da mucha esperanza”. 

“Mercurio en Argentina se dice Clarín”, así sintetiza la entrevistada la situación monopólica de ese medio de difusión en el país del cobre. Los Cabildos son así el canal por donde fluye la información real, donde llega cada sábado una síntesis de la semana, se comparte, se debate, se aplaude, se propone y se devuelve al seno de la Convención. Todo eso se contrapone a la desinformación mediática, que presenta “una realidad completamente diferente”. Los encuentros propician también un momento de mercadeo informal, donde propuestas de producción amigables con el medio ambiente y emprendimientos de la economía social comienzan a generar conciencia de que se puede producir y consumir de otra forma.

El descrédito de la derecha

La cantidad de representantes que la derecha tiene en la Convención Constituyente da cuenta de la poca confianza que el pueblo chileno le concede a ese sector de la sociedad. A esto se suma el proceso penal iniciado en la justicia contra el presidente Sebastián Piñera, debido a la publicación de la investigación periodística Pandora Papers. El mandatario está acusado de participar en la venta de la empresa minera Dominga a través de un paraíso fiscal en las islas Vírgenes Británicas en 2010, mientras ejercía su primer mandato. 

La militante asegura que “eso ya se sabía en Chile. Fue cuestionado y se intentó llevar a la justicia, pero salió indemne, porque la justicia aquí, como en otros lugares, está a disposición del poder económico de turno. Pero dentro de esta información que ahora conocemos, se supo que hay una cláusula donde se explicita que la última cuota se pagaría solamente si el gobierno garantiza el cambio de destino del suelo. Actualmente, el lugar es una reserva ecológica, y lo que se pretende instalar es una mina y un puerto. Debido a esto, en este momento se habla de juicio político en el congreso o renuncia”. Todo sucede a meses de que Piñera concluya su mandato. 

Nuevos sujetos políticos

A la presencia de jóvenes, mujeres y personas de pueblos originarios en las movilizaciones, se sumaron niños y niñas, pre adolescentes, sujetos políticos que reclaman un mundo mejor para sí mismos. Silvia ata esa realidad a recuerdos de su vida universitaria, cuando trabajaba, estudiaba y participaba en el sindicato siendo madre. “Teníamos un espacio de juego para nuestros peques mientras nosotras estábamos reunidas. Eso se perdió después. Hoy veo que a las marchas más pesadas van las compañeras con sus hijes. No solo van, ayudan con las banderas y piden nueva constitución, libertad a los presos políticos. Imaginan que la nueva constitución les va a dar una vida mejor”, señala Ontívero. 

En ese marco, relata los cuestionamientos que se hacen a las instituciones que deben resguardar a niños y niñas en situación de vulnerabilidad, cuyas características son similares a las residencias del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf) entrerriano. La nueva constitución incluye en su agenda un capítulo donde quedarán plasmados los derechos de las niñeces, planteado además reformular el rol de estas instituciones, así como las de resguardo a las mujeres en situaciones similares.

El arte, la expresión y las representaciones

El rol de las personas que se dedican al arte ha tenido una vital importancia en las movilizaciones y manifestaciones que se dieron en las calles del pueblo chileno. A las banderas, carteles y pintadas; se suman la canción de Víctor Jara, “El derecho de vivir en paz”, cantada a viva voz por miles de manifestantes; la intervención del grupo feminista “Las Tesis”, que recorrió el mundo siendo replicada por miles de grupos en diferentes países e idomas; o los ojos pintados en los espacios públicos que denuncian la violencia institucional de carabineros. 

Según indica Ontívero, la mayoría de los y las artistas son “del mundo progresista. Acá hasta el reggetón es progre, a mí no es un estilo que me guste, pero habla de lo que pasa en los barrios. El mundo artístico ha realizado un extraordinario aporte. De hecho hay tres actores muy conocidos que fueron votados para convencionales constituyentes”.

Uno de ellos, Ignacio Achurra, protagoniza una de las novelas más populares de la televisión chilena, y es, según nuestra entrevistada, el mayor aliado para contraponer la agenda violenta impuesta por los medios hegemónicos. “Critican mucho todo lo que pasa en el seno de la constituyente, diciendo que no se trabaja, que no se hace nada, que no saben redactar, que no están capacitados. La presidenta es la más atacada por su forma de hablar y por ser mapuche. Y cuando Achurra dice lo que él vive en la constituyente, te puedo asegurar que el público que lo sigue en las telenovelas le cree mucho más”, manifiesta Silvia con una sonrisa.

La reforma de la constitución ha permitido la aparición pública de nuevos liderazgos, uno es el de la mujer que la preside. A pesar de que existen en Chile otros pueblos originarios, la mayoría son mapuches, como la comunidad de la que proviene Loncón. El reclamo más importante de estos pueblos, como en otras partes de Latinoamérica, es contar con un Estado Plurinacional que los incluya. “Nos ha costado mucho entenderlos, por su forma de organización y porque al estar dispersos tampoco tienen un eje estructurador. La represión, desculturización de sus costumbres y robo de sus tierras que han sufrido, les ha llevado a parapetarse donde y como han podido”, comenta la militante. 

“Ella (Loncón) es una persona muy respetada y es muy sabia. Cuando han tenido discusiones fuertes entre sus comunidades, escucha y habla uno por uno hasta lograr la unidad. No discute con los suyos en los ámbitos públicos, lo único que responde muy respetuosamente son los embates de la derecha, que son muy ignorantes, y ella los manda a leer e informarse. Habla como una mujer de pueblo pero es muy capaz y tiene mucha formación académica”, asevera Silvia. 

Un mensaje 

A pesar de estar a kilómetros de distancia y con una cordillera que nos separa, se nota a través de la pantalla la vívida ilusión con que esta mujer transita el proceso histórico que se está desarrollando en el país vecino, ese que ella llama su “segunda Patria”. Desde ese lugar, y mirando su propio recorrido, expresa su deseo de que argentinos y argentinas “valoremos más lo que tenemos. En Chile hemos pasado muchas dificultades, y tal vez no fuimos capaces de desarrollarnos porque tenemos una derecha muy brutal que no nos ha permitido contar con un Estado fortalecido”. 

“En Argentina tenemos escuelas y hospitales públicos, jubilación. Hay que mejorarlo si, pero valoremos lo que tenemos, no durmamos la siesta. En Chile nos ha costado muchos ojos, muchas vidas y tenemos muchos presos y presas políticas en plena democracia por tratar de tener algo que en Argentina ya tenemos, salud, educación, vivienda y pensiones”, reitera con firme convicción. La charla podría continuar y ella seguiría deshilvanando palabras en ese afán de construir una memoria activa. 

Como parte de una generación que creyó en el hombre nuevo, que desafió el sistema instituido y los liderazgos políticos, sigue intentando transformar la realidad y combatir las injusticias. Hoy es una de esas tantas “sobrevivientes” que literalmente pusieron el cuerpo para sostener sus ideas, y a pesar de todo lo vivido, de todo lo andado, no claudica, no se resigna, abriga una inmensa esperanza y no deja de sonreír. Ella, como muchos otros y otras militantes a ambos lados de la cordillera, aporta cada día a esa construcción colectiva que permite a sus “dos Patrias” abrazarse en el sueño de la Patria Grande.