Por José Pablo Feinmann

Hace más de cincuenta años que conozco a Horacio. Salvo una que otra discrepancia, siempre estuvimos en la misma. A nadie creo haber admirado y respetado tanto como a él. Su erudición, su inteligencia eran deslumbrantes. 

Nos conocimos sacando a luz la revista Envido. Fue en 1970. El primer texto que publicó fue Humanismo y estrategia en Juan Perón. Era difícil pero una frase justificaba todo: "El hombre es el centro de la política" escribió cuando la destrucción del humanismo estaba de moda. 

Te quise mucho. Fuiste un auténtico grande, Horacio. Muy pocos conocí como vos. La vida no fue justa con vos ni con nuestra generación, la que Kirchner definió como "diezmada". Casi ninguno o ninguno de nuestros sueños se cumplió. Pero siempre seguiste empujando la historia. 

Está mal que mueras así. Por culpa de este virus maldito. En la cama de un hospital y con un respirador. No sé de qué otra forma podrías haber muerto. De ninguna. No te imagino muerto. Pero tu muerte es real y es también el fin de muchas cosas. Sólo puede ser peor la vida sin vos. Peor de lo que ya fue. Te tocaron vivir "años interesantes", como dice la maldición china. Pero todo lo que viviste, bueno o malo, lo hiciste con una plenitud que era tu propia identidad. 

Insisto: te quise mucho, Horacio. Esperame. No voy a demorar. Así lo siento hoy, ahora, mientras escribo estas líneas tristes, esta despedida.