Hablar de brschiecha nos remite, necesariamente a la desigualdad. Es decir, hay quienes tiene mucho o mucho más sobre algún aspecto que hace a la vida en sociedad y otros no tienen nada, o casi nada. Por tanto, a lo que hacemos referencia es a una, o varias, fracturas al interior de esas sociedades.

Las brechas no son más que el resultado de indicadores que permiten cuantificar en términos porcentuales la distancia entre dos sectores sociales las cuales se corresponden con las condiciones materiales de existencia, o sea, con la estructura de clase que surge de las relaciones técnicas y sociales de producción y que tienen su correlato en la conformación de ideologías y de diferentes percepciones de origen cultural.

Estas brechas son la consecuencia y la razón de ser del sistema capitalista y su modelo neoliberal. Sin brechas el sistema se cae.

“En una democracia, el bien común debe primar sobre los intereses individuales. Y lo último que debería hacer una política pública es aumentar la pobreza o la desigualdad. La función de los Estados es desarrollar programas que enfrenten estos fenómenos y aumenten y mejoren los derechos de la ciudadanía. Sólo en un Estado capturado puede ocurrir lo contrario.” Las palabras de la economista española Rosa Cañete Alonso (coordinadora de la Campaña Iguales en América Latina y el Caribe de Oxfam) inician un extenso trabajo que esa ONG realizó junto con Clacso. El documento nace con una premisa: para saber cómo enfrentar la pobreza hay que estudiar también la riqueza. Por eso muestra cómo los grupos con más poder económico influyen de forma abusiva en los gobiernos y en el diseño de políticas que los benefician, incluso en desmedro del resto de la sociedad. Las élites entendidas como los grupos que concentran diferentes tipos de recursos, no solo económicos: concentran riqueza, contactos, relaciones, la propiedad de los grandes medios de comunicación. Y usan su poder para influir de manera desmedida en las decisiones sobre políticas públicas. Es más, se habla de “élites extractivas” por su habilidad para extraer de la sociedad beneficios que la sociedad ha producido, y sin devolverlos de forma equitativa” (Revista Anfibia 2017).

Esas élites extractivas han sabido moverse con mucha inteligencia durante la pandemia y, mientras la mayoría de la sociedad respetaba las normas de cuidado, aún a riesgo de su propia economía, para no perder la vida, unos pocos encontraron el atajo para maximizar ganancias y agrandar las desigualdades.

Analicemos algunas de esas brechas:

-Brecha económica: según el índice Nasdaq 100, las empresas tecnológicas crecieron durante el 2020 un 47 por ciento. Asimismo, el Informe sobre Financiamiento para el Desarrollo Sostenible 2021 sostiene que se han perdido 114 millones de puestos de trabajo a nivel mundial y alrededor de 120 millones de personas han vuelto a sumirse en la pobreza extrema. En tanto, la Cepal estima que el total de personas pobres en América Latina y el Caribe ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones de personas más que el año anterior.

Es decir, mientras que 114 millones de familia entraban en la desesperación por la pérdida de su empleo y 120 millones perdían toda dignidad al caer en la pobreza extrema, Microsoft veía aumentar sus acciones en un 29 por ciento, Apple en un 54 por ciento, Amazon en un 62 por ciento y un 654 por ciento las de Tesla.

Cómo no hablar de “extractivismo” cuando en julio del 2020, el multimillonario Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, aumentó en un día U$S 13.000 millones de dólares su fortuna.

En el caso de Argentina, durante el segundo trimestre del 2020 el 10 por ciento de la población más rica pasó a percibir 19 veces más ingresos que el 10 por ciento más pobre según la Evolución de la distribución del ingreso que elabora el Instituto de Estadísticas y Censos en función de la Encuesta Permanente de Hogares. Esta diferencia en los ingresos provocó que la brecha sea tres veces mayor que hace un año, cuando la diferencia era de 16.

-Brecha salarial y de género: poner en el buscador más famoso “brecha económica” arroja como resultados artículos de diferente orden que refiere a la brecha salarial existente en cuestiones de género. Una brecha que está atravesada también por las desigualdades económicas y, por consiguiente, de clase. Según el informe Global Gender Gap (Informe de la Brecha Global de Género) publicado en marzo del corriente año y que elabora el Foro Económico Mundial (FEM) la pandemia ha revertido el progreso global en el logro de la igualdad entre hombres y mujeres, la brecha global de paridad de género actual es de un 68 por ciento. Esto es medio punto porcentual menos que el año anterior. A este ritmo, se necesitarán 133,4 años para lograr la paridad global entre hombres y mujeres. Al momento de realización del informe, el cinco por ciento de las mujeres empleadas en todo el mundo había perdido su empleo contra el 3,9 por ciento de los hombres. En tanto, fue significativa la disminución de mujeres que han sido contratadas para puestos de liderazgo, lo que retrasó en uno o dos años el progreso logrado. A esta brecha hay que sumarle lo que implicó el teletrabajo en el caso de las mujeres que son quienes se hicieron cargo del cuidado y educación de sus hijos a la vez que domestizaba su propio trabajo. Y la brecha que se establece por el consumo de productos de gestión menstrual que implica un mayor presupuesto para el sostenimiento mensual de las mujeres y el pago de un impuesto por la compra de esos productos de los cuales quedan afuera los hombres.

Al extractivismo de las elites se le suma el del patriarcado.

-Brecha tecnológica y digital: Si algo dejó expuesta la pandemia es la brecha en materia tecnológica y digital, es decir la posibilidad de acceder a dispositivos y conectividad y, a la par, saber utilizar las herramientas que brinda el mundo digital. En el caso de los sistemas escolares esta brecha se visibilizó como nunca antes. Las escuelas quedaron al desnudo en su proyecto homogeneizador cuando la pandemia puso las desigualdades sobre la mesa.

Esta brecha se hizo evidente en la comunidad educativa toda, alumnos, docentes, miembros de conducción presentaron dificultades de acceso a la tecnología y al uso de las herramientas digitales, la capacitación en este sentido también marcó enormes desigualdades. Un informe de Argentinos por la educación realizado junto con Mariano Narodowski de la Universidad Torcuato Di Tella señala que:

A principios de abril, solo el 16 por ciento de las y los estudiantes de escuelas primarias estatales asistía todos los días a la escuela, y menos de la mitad concurría cuatro horas por jornada.

Nueve de cada 10 alumnos de primarias privadas cuentan con wifi o banda ancha en el hogar. En el sector estatal son solo seis de cada 10.

El 72,2 por ciento de los estudiantes del sector privado utiliza una notebook, PC o tablet, mientras que sólo un 33,7 por ciento de los estudiantes de escuelas estatales accede a ellas.

Los archivos PDF o Word son las herramientas más usadas para enviar tareas desde la escuela privada. En el sector estatal lo es WhatsApp (Panorama Portal de Educación https://panorama.oei.org.ar/la-brecha-tecnologica-en-pandemia/).

En tanto, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) indagó en torno a los datos de accesibilidad de hogares distribuidos en 31 centros urbanos de todo el país hasta el cuarto trimestre de 2020 y dio cuenta de que, 64 de cada 100 hogares urbanos tiene acceso a computadora, 90 de cada 100, a internet y 88 de cada 100 emplean teléfono celular. Datos estos que se pueden encontrar en el informe “Acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación”.

Desde ya que la interrupción del programa Conectar Igualdad, durante el gobierno de Mauricio Macri, colaboró en mucho en agudizar esta brecha, una interrupción que el actual gobierno de Alberto Fernández intenta reparar con la reactivación de este programa que lleva el nombre de Plan Federal Juana Manso.

-Brecha medioambiental: en mayo de este año 2021, el Senado aprobó la Ley de Educación Ambiental Integral, un paso muy importante para capacitar y tomar conciencia sobre la importancia del cuidado del planeta y nuestra vida en él. Más, la realidad da cuenta que la brecha entre las leyes y los resultados en materia ambiental es cada vez mayor, por lo menos en América Latina. Cambio climático, contaminación del aire y el agua, deforestación y pérdida de biodeversidad son los desafíos cada vez más constantes a los que se enfrenta la región.

Pero a la brecha entre la sanción y real aplicación de las leyes se le suma los impactos sociales que ha tenido el Covid-19 donde quedó expuesta las diferencias de cuidado para evitar el contagio entre quienes poseen red de agua potable, acceso a energía y electricidad para garantizar el suministro del agua y condiciones de habitabilidad de los hogares y los sectores vulnerables que resultaron los grandes perdedores durante la pandemia. Una vez más. También los recursos no renovables revistieron una gran importancia macroeconómica en la mayoría de las economías de América Latina y el Caribe.

Igualdad es la palabra que hace que el planeta encaje

“Dime si te importa el peso que arrastras bajo tus pies…/Si sabes bien cuanto vales/No hay diferencias/ Así que, capta el mensaje: Igualdad, es la palabra que hace que el planeta encaje.” canta Dante en su tema Desigualdad.

En estas oleadas progresistas y, tal como señala el ex vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, cuando las elites muestran un quiebre a su interior, se impone un intenso debate de parte de los movimientos sociales y políticos acerca de estas brechas para avanzar hacia políticas cada vez más inclusivas y con mayores niveles de equidad de modo de poner fin al extractivismo económico, intelectual e ideológico: Este debe ser el gran desafío de las fuerzas progresistas mundiales porque es la única forma que el planeta encaje.

Por Beatriz Chisleanschi, de Revista PPV, especial para AIM.