Muchas veces ponemos a esperar al otro a “que le toque”; la mayoría de las veces, el otro es “el pobre”. El desclasado, el que está fuera del sistema, y por lo tanto del Estado. Y si por alguna razón, le toca, tal vez ya no exista, porque justamente el desclasado no puede esperar. Es el único que no puede esperar porque se le juega la vida en eso.

Por otro lado, sabemos que es un problema de distribución de la riqueza y concomitantemente de las oportunidades. Es decir, podría solucionarse relativamente rápido si distribuyéramos la riqueza. Pero los verdaderos dueños de la riqueza, y del poder se toman todo el tiempo del mundo; y la política los espera muchas veces con impotencia y muchas veces con desidia, o simplemente porque no es el momento. Los dueños de las riquezas que podrían esperar siglos nos hacen esperar, y los que no pueden esperar un minuto los hacen esperar siglos. En el medio esta la política. La política que debe atender los intereses de todos privilegiando a los que tienen justamente menos tiempo. Es necesario intervenir con convicción en la distribución de la riqueza y quitar la máscara a los productores de pobreza para que la sociedad comprenda las relaciones de injusticia.

Cuando Maia fue raptada la sociedad se paralizó, y todos buscábamos a Maia. Y todos es una generalidad del lenguaje. Lo cierto es que infinidad de esas personas pasaron seguramente por al lado de Maia cuando no había sido secuestrada por un psicópata. Habían pasado cuando Maia y los millones de Maia habían sido secuestrados por un sistema perverso que los deja fuera del trabajo, de la salud, del estudio, de la dignidad, sometiéndola a la humillación y a la denigración. Discutimos de política y de estadísticas, y cuando hablamos del índice de pobreza (donde está claramente Maia), no nos angustiamos. Y muchos mandan a los “pobres” a trabajar. Los pobres solo están invisibilizados para los que no quieren verlos.

Seguramente vamos a resolver el problema de Maia; ¿pero el de millones de Maia?

Hay una frase de Ignacio Ellacuría, cura asesinado por la dictadura salvadoreña: “nadie tiene derecho a lo superfluo, cuando a la mayoría le falta lo necesario”. Esta frase me parece debe ordenar la distribución de la riqueza en nuestro país.

La máquina de generar pobres en el mundo se llama neo-liberalismo; debemos enfrentar las consecuencias de su paso por nuestros Estados y resolver en el tiempo, políticas de reestructuración de la economía. Pero en lo inmediato debemos intervenir la riqueza de los que se benefician con las políticas del neo-liberalismo. Eso sería justicia. Y por cierto, eso le cabe a todos los que pequeña o grande tenemos alguna responsabilidad, dirigencial o política. Y mientras hacemos ese primer acto de justicia y reparación, discutamos la justicia, la educación y la economía para que la solución alcance en el tiempo una justicia mayor. Y aunque parezca un planteo ingenuo, es absolutamente certero. Lo es por el principio de realidad. Si no tenemos recursos ya, ni la posibilidad de resultados en el campo de la producción y el trabajo para que la economía se mueva ya, la distribución de la riqueza es la única solución.

Por lo pronto si entendemos dos cuestiones que parece hoy que todos entendemos. Que los desclasados no pueden esperar. Y que Ellacuría tiene razón.

Nos queda un análisis, el más difícil. Construir la decisión. Y eso significa enfrentar intereses muy profundos en la historia de nuestro país; pero no se gobierna solo para hacer una buena administración, una buena economía y políticas públicas saludables. Se gobierna para la patria, para el pueblo y para la justicia social, eso siempre significó en el pasado y en el presente enfrentar los intereses de los poderosos. Y hacerlo puede costar un gobierno o la vida misma. El pueblo va a estar siempre con quienes escuchan su dolor y sus necesidades. Y si la decisión se toma, será necesario “visibilizar” las millones de Maia, para que cuando se vaya por los secuestradores de los millones de Maia, la sociedad toda, sostenga la decisión. Tal vez, ante lo difícil de la situación en términos de poder real, lo que puede dar vuelta las cosas sea el heroísmo y el amor a la patria.