Por Raúl Dellatorre

El próximo domingo se cumplirá un mes desde que el gobierno dispuso la suspensión, aunque parcial, de las exportaciones de carne vacuna. Ya desde antes de esa decisión, había comenzado una intensa negociación con la industria exportadora buscando algún acuerdo que permitiera garantizar el abastecimiento al mercado interno de los cortes más demandados a precios accesibles. O que se acercaran el máximo posible a esa pretenciosa categoría. Los primeros datos que se conocen de la evolución de los precios de la carne en el mes de mayo muestran que la disparada en los precios al mostrador no se detuvo, agregándole otro escalón del 5,9%. El mismo estudio señala que los cortes más económicos aumentaron esta vez por encima del promedio: 7,8%. El gobierno prolonga la búsqueda de una respuesta efectiva, de la que no se descarta que pueda venir por el lado de la cuotificación de las ventas al exterior. 

Un estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) que acaba de culminarse, hace un detallado seguimiento de la evolución del precio de los distintos cortes y de su impacto en el consumo doméstico. Un dato a tener en cuenta: las carnes y sus derivados representan entre el 10 y el 13 por ciento de los gastos de una familia según la canasta que elabora el Indec para medir el IPC. En detalle, en las regiones del norte llega a tener una incidencia del 12,5, en el Noroeste, y del 13,3 por ciento, en el Noreste. Está en torno al 10 por ciento en Cuyo, Patagonia y Región Pampeana, y sólo en Gran Buenos Aires cae a 7 por ciento. De allí la importancia de las consecuencias socioeconómicas de un incremento que, sólo en los últimos doce meses, alcanzó al 76,6% en las carnes vacunas en promedio, casi 30 puntos por encima de la inflación general (¿40 puntos por encima de la evolución de los salarios en el mismo período, en el mejor de los casos?).  

Corte brutal

CEPA toma los precios de los distintos cortes que informa el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna (IPCVA). La secuencia es más que preocupante. De los doce meses de 2020, en cinco de ellos el aumento fue superior al 5,5%. Este año, hasta mayo, en tres de los cinco meses se superó ese umbral. Ya se señaló que el aumento acumulado en los últimos doce meses fue del 76,6%, pero yendo a los cortes más populares para la parrilla, el asado y el vacío, el alza de precios con respecto a mayo del año pasado alcanza al 92,6% en el primer caso y al 84,6 en el último.

Los aumentos ni a la carne picada perdonan. En mayo, la común trepó un 8,7%. La especial, 7,5%. Una particularidad de los aumentos de mayo, que refleja el informe de CEPA, es que los llamados "cortes económicos" (va siendo hora de renombrarlos) subieron por encima de lo que lo hicieron los cortes "intermedios" y los más caros. El osobuco aumentó 9,9%, la tortuguita 7,9 y el roast beef, 7,5 por ciento. 

Más humo que argumentos 

La industria frigorífica suele referir que el aumento del maíz en el último año fue uno de los factores determinantes de la suba en los costos de producción, por constituir la base de alimentación en feed lot de la hacienda. Los estudios más minuciosos que recoge el análisis de CEPA, de organismos como el INTA, revelan que la incidencia del maíz en el costo de la hacienda terminada no está más allá del 8% del total. 

El precio del maíz a nivel internacional subió fuerte desde mediados de 2020 hasta la fecha, de lo que resulta un alza en dólares del 86% si se toman los últimos doce meses. Pero la base de comparación es engañosa, porque en el segundo trimestre de 2020 hubo una baja importante del precio respecto del primer trimestre de ese mismo año. Si la comparación se hiciera en relación al valor de ese primer período del año, el valor actual es superior en casi un 50%. 

Pero por su baja incidencia sobre los costos totales, ni cuando se lo lleva a pesos el aumento resulta una justificación razonable para semejante disparada del precio de los cortes vacunos. "En el hipotético caso de que el maíz fuera gratis, el efecto sobre el precio en carnicería sólo sería una reducción de entre 3% y 4%", señala CEPA en forma contundente.

El fantasma chino

En cuanto al aumento de las exportaciones a China, si bien cambió sustancialmente el mercado por su creciente incidencia a partir de 2018, la realidad es que la demanda está orientada principalmente a cortes de vacas "de descarte", que no son los animales que abastecen el mostrador de las carnicerías argentinas. Si aumenta por mayor demanda el valor del producto exportado, no necesariamente debería incidir sobre los precios internos.

Este desacople, sin embargo, es la gran tarea que sigue pendiente. Por ahora, las restricciones a las ventas externas afectaron a los mercados asiáticos pero no a los de la Unión Europea o Estados Unidos, que son los atendidos por los frigoríficos más grandes que operan en el país (varios de ellos, de capital extranjero). Los controles fiscales que empiezan a implementarse pueden ahuyentar a operadores irregulares, firmas "truchas" o matarifes que operan por cuenta de terceros, pero no roza a los jugadores más importantes, que incluso podrían beneficiarse de una mayor concentración del negocio. 

Otro tanto sucede con la comercialización de hacienda, renglón en el que se han producido los mayores abusos de precios con aumentos del 120% en el precio del kilo vivo del novillo en los últimos doce meses (señalado por el informe de CEPA), probablemente más por cuestiones especulativas que por razones de costos. 

Alta concentración

El 65% de las exportaciones está en manos de no más de diez frigoríficos, todos pertenecientes al Consorcio ABC, señala el informe. Si se sumara lo que esos mismos frigoríficos faenan para "terceros" (exportadores sin establecimiento faenador propio), esa proporción aumentaría al 80 u 85%. 

También en los remates de hacienda se da una gran concentración, en este caso en grandes firmas consignatarias que llevan apellidos conocidos: Bullrich, Sáenz Valiente, Alzaga Unzué, Colombo y Magliano, por citar los más sonados. 

En las manos de unos y otros está el tronco principal del negocio de las carnes en Argentina. Sin políticas de incentivo a la expansión de la producción ganadera, que no sea a través de precios prohibitivos para el consumo interno, ni una administración inteligente del comercio exterior en un producto muy demandado en la coyuntura, el mostrador de las carnicerías y la mesa de los argentinos seguirá siendo rehén de esos grupos dominantes, mientras sigan operando exclusivamente para su propio provecho.