Por Daniel Guiñazú

Con el alivio de haber ganado un partido difícil ante Uruguay y de haber podido sostener el 1 a 0 hasta el final y sin demasiados sobresaltos, la Selección Argentina tratará de asegurarse ante Paraguay la clasificación rumbo a los cuartos de final de la Copa América. De hecho, los cuatro puntos logrados hasta aquí casi que le aseguran esta instancia. Lo que está por verse, de ahora en más, es en que lugar llega. El objetivo de máxima del técnico Lionel Scaloni y del plantel que lidera Lionel Messi es hacerlo en el primer puesto, cuestión de eludir cualquier hipotético cruce con Brasil hasta la gran final del sábado 10 de julio a las 21 horas en el estadio Maracaná de Río de Janeiro.

Mientras eso sucede, el equipo continúa delineando su idea de juego. Porque hasta aquí, contemplando los seis partidos jugados por las Eliminatorias Sudamericanas y los dos por la Copa América, la Argentina ha ofrecido dos caras: una dominante y agresiva en el primer tiempo y otra más cautelosa e insegura en el segundo. El equipo de los primeros 45 minutos controla la pelota, la hace correr con seguridad y se proyecta con determinación contra el área de los rivales. El de los 45 minutos finales, pierde el manejo del balón, se planta de contraataque y adopta una actitud más conservadora. El de los primeros tiempos hace los goles. El del segundo tiempo, recién ante Uruguay pudo defenderlos con cierta solvencia.

No son las volátiles circunstancias del juego las que determinan esos volantazos: queda claro que se trata de una elección del propio Scaloni. En su mirada y en la del cuerpo técnico que comparten Walter Samuel, Roberto Ayala y Pablo Aimar, la Selección debe hacer la diferencia en la primera etapa y luego, jugar "inteligentemente". O sea, dejar venir a los adversarios y sorprenderlos con una réplica punzante o una jugada de pelota quieta. El técnico asume (y los jugadores parecen compartir su enfoque) que no hay resto para sostener gran parte del partido con el mismo ritmo. Y que el físico y la mente dan para jugar 45 minutos y administrar el resto. En los dos cotejos con Chile y ante Colombia se hizo eso y se terminaron dilapidando victorias. Ante Uruguay, también se lo intentó. Y el final fue mucho más feliz.

Hay otro tema que la continuidad de la Copa no debería disimular: la escasa conexión entre Messi y Lautaro Martínez. Es pobre el vínculo entre el supercrack del equipo y el único delantero de punta. Las pocas veces que se buscaron, no hubo entendimiento y cuando Messi igualmente decidió contar con él, el atacante del Inter no le devolvió bien la pelota o no supo moverse en espacios reducidos. Lautaro Martínez parece incómodo, acaso porque en la Seleccion no puede correr como corre en el campeón italiano y tampoco tiene aquí a un tanque como el belga Romelu Lukaku, que le abre caminos y le distrae las marcas. Su salida a los cinco minutos del segundo tiempo ante Uruguay y luego de haber perdido siete pelotas en toda la noche, se pareció a una advertencia de Scaloni: su crédito se va achicando. Lo que no implica que en paralelo, se amplíen las chances de Sergio Agüero de volver a ser titular. El nuevo delantero de Barcelona corre de atrás. Y por ahora no parece prioritario para el cuerpo técnico. Que debería empezar a explorar variantes si es que pasan los partidos y persiste la falta de sintonía fina entre Messi y Lautaro.

Quizás porque no hay onda entre ellos, los delanteros no hacen goles. O los hacen mediante jugadas de pelota parada (corners o tiros libres). Así llegaron cuatro de los cinco que se anotaron considerando los últimos cuatro partidos disputados hasta aquí entre las Eliminatorias y la Copa América. Messi le hizo a Chile uno de penal y otro de tiro libre, el cordobés Cristian Romero anotó de cabeza ante Colombia luego de un tiro libre y Guido Rodríguez convirtió también de cabeza frente a Uruguay tras un centro de Messi a la salida de un corner. El tanto de Leandro Paredes contra los colombianos fue el único que derivó de una jugada con el balón en movimiento. Poco para un equipo que se autopercibe como ofensivo. Y que lleva 15 partidos sin perder (ocho triunfos y siete empates) desde el 0-2 ante Brasil en la semifinal de la Copa América 2019.

A diferencia de aquella vez, cuando nadie se inquietó demasiado por la semifinal perdida ante Brasil y todos se declararon mas o menos conformes con el tercer puesto logrado, ahora a la Selección Argentina se le vuelve a pedir el título que se le viene negando desde hace 28 años. Y asomarán los dedos acusadores si se llega a la final contra Brasil y no se la puede ganar. Desde algunos rincones de la sociedad futbolera baja otra vez el mandato: campeones o nada. Sin considerar que aunque Scaloni lleva dos años y medio en el cargo, la Selección sigue siendo un equipo que se busca a sí mismo. Aunque esté Lionel Messi y todavía nos haga creer que cualquier sueño puede hacerse realidad. 

Fuente: Página/12