La Generación Dorada del básquetbol argentino, que recibió ese sobrenombre con el que suprimió no solamente la identificación del deporte en que competía sino al equipo que representaba, se terminó definitivamente este martes 3 de agosto de 2021 con el retiro del seleccionado nacional de su último integrante, Luis Scola, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Ese bautismo tuvo fecha original el 28 de agosto de 2004 cuando el seleccionado dirigido por el cordobés Rubén Magnano obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, aunque a ese acto de liturgia deportiva popular aquel equipo llegó ya bastante "grandecito".

Es que apenas dos años antes, en el campeonato mundial de Indianápolis 2002 ya se había quedado en la puerta del título, que iba a ser el segundo para Argentina después de aquel mítico de 1950, al perder en los últimos segundos la final ante la poderosa selección de Yugoslavia.

Con esa medalla de plata a cuestas y sed de revancha fue que el representativo argentino llegó a la capital griega para consumar una hazaña impensada para el básquetbol nacional del Siglo XX, pero no para esos 12 jugadores tan grandes como tales que habían crecido bajo el influjo de la Liga Nacional tallada a mano por el inolvidable León Najnudel.

Una generación que hizo historia

Los que dejaron atrás esa autolimitación con la llegada del Siglo XXI fueron 12 jugadores: Juan Ignacio "Pepe" Sánchez, Emanuel Ginóbili, Alejandro Montecchia, Fabricio Oberto, Walter Herrmann, Gabriel Fernández, Hugo Sconochini, Leonardo Gutiérrez, Andrés Nocioni, Carlos Delfino, Rubén Wolkowyski y Luis Scola.

La entrega de ese grupo que no solamente hacía gala de su talento basquetbolístico sino que a éste lo acompañaba con un altísimo espíritu competitivo, también lo rebautizaron con el lógico apelativo de "El Alma", porque con ella salían a la cancha en cada compromiso.

Así fue que se llevaron la medalla de bronce en los siguientes Juegos Olímpicos de Beijing 2008, pero no pararon. Siguieron y siguieron, ganando Sudamericanos y otras hierbas, hasta el Mundial de China 2019, en que volvieron a ser subcampeones, esta vez de España. Para entonces ya solamente "sobrevivía" del campeón olímpico de 15 años antes "Luifa" Scola.

Pero así como hoy la Generación Dorada tiene su certificado de defunción basquetbolística cuya herencia ya empezaron a disfrutar en vida de aquella los Facundo Campazzo, Nicolás Laprovíttola, Gabriel Deck y compañía, también tuvo obviamente uno de nacimiento que data del siglo pasado, exactamente de 24 años atrás, un 10 de agosto de 1997, en Australia, con aquel cuarto puesto en el Mundial Sub 22 ganado por el local.

Aquel equipo lo dirigía Julio Lamas, ahora entrenador de Japón y ante el que Argentina ganó su único partido en Tokio 2020 con Sergio "Oveja" Hernández, su excompañero de cuerpo técnico de la selección albiceleste, como último conductor de un equipo capitaneado por el "cuarentón" (41 en realidad) Scola.


Ese plantel estaba integrado exactamente por el cincuenta por ciento de aquellos jugadores que luego ganarían la medalla olímpica: "Manu" Ginóbili, "Leo" Gutiérrez, el burzaquense "Gaby" Fernández, "Pepe" Sánchez, el cordobés Oberto, el porteño Scola y alguien a quien los integrantes de la Generación Dorada siempre tuvieron en un lugar especial de sus corazones: Gabriel Riofrío, fallecido hace 20 años dentro de una cancha.

El reconocimiento en cuanto a entrenadores también alcanza a Guillermo Edgardo Vecchio, que entre 1991 y 1996 justamente dirigió al seleccionado nacional que, por ejemplo, ganó los Juegos Panamericanos de 1995 en Mar del Plata. En aquel equipo ya estaban el "Quesudo" Oberto y el "Colorado" Wolkowyski, como para evidenciar que "algo se estaba gestando" en el básquetbol argentino a nivel internacional.

Más de un cuarto de siglo pasó desde entonces, hasta que hoy se fue "el último de los mohicanos" de una Generación Dorada que también tuvo el mérito de que varios de sus componentes pisaran con muy buen suceso un terreno virgen para el básquetbol argentino hasta el año 2000 como la NBA, cuando ese año debutaron en ella Wolkowyski y el bahiense Sánchez y luego sobresaliera por ejemplo su conciudadano Ginóbili.

Se terminó la Generación Dorada. Algún día iba a pasar, como todo en la vida. En realidad se fue con el último de sus "componentes originales", pero sus duendes seguirán flotando sobre cada cancha argentina donde pique una pelota anaranjada por siempre. Porque su "alma" nunca morirá. Como toda leyenda.