Por Matias Maximo

La Plaza de Mayo se llenó de festejos y también de reclamos, en una jornada delineada con la pluma poderosa que tiene el orgullo. ¿Qué orgullo? Quizá haya que empezar a decirlo en plural, porque a 30 años de la primera marcha en Buenos Aires los orgullos que se visibilizan son muchos: el de moverse por las calles en comunidad, el de volver a marchar después del distanciamiento, el de habitar las identidades y orientaciones sexuales sin clósets, el de nombrarse en primera instancia para en segunda quitarse las etiquetas. Esta masa orgullosa y fiestera se calzó los brillos, los barbijos y salió a gritar tantas consignas que hizo saber que la llama de la lucha LGBT+ sigue ardiendo.

“Este año marchamos celebrando las victorias sostenidas, pero también exigiéndole al Congreso de la Nación que trate de manera inmediata la Ley Integral trans que venimos presentando desde el año 2015, al igual que una nueva Ley Antidiscriminatoria que contemple absolutamente a todas las poblaciones y no deje a nadie afuera, como sucede con la actual”, dijo a Página/12 Ornella Infante, Directora Nacional de Políticas y Prácticas contra la Discriminación del INADI. Para Ornella es importante celebrar la diversidad y visibilizarla como sujetos políticos, pero también marcar la agenda para lograr que las conquistas legislativas sean conquistas reales, ya que “aún falta terminar de derribar las barreras culturales y también las voluntades que nos imposibilitan el desarrollo pleno de nuestra ciudadanía”.

Suena música pop, tecno, chachengue y merequetengue. Los sonidos se mezclan y entre baile y baile cada carroza también mete un reclamo. Acá se construye sin palas, nadie diría una de cal y una de arena. Acá se reclama bailando, es una de glitter y una de lentejuela.

Un grupo de travestis y trans mayores de 40 años sostuvo frente escenario globos con la consigna “Indemización Trans Ya!!!”. Luisa Dominguez, integrante de las autoconvocadas, explicó por qué se consideran sobrevivientes de la persecución represiva, tanto en dictadura como en democracia: “El orgullo de ser travesti está colapsado por las necesidades urgentes que tienen las compañeras. Algunas de ellas con 64 años todavía están ejerciendo la prostitución, otras que van a un comedor comunitario por una comida al día y otras ni quieren ir por vergüenza”. El grupo al que pertenece Luisa viene realizando reuniones para impulsar un proyecto que indemnice el daño de los edictos policiales, en especial los artículos 2F y 2H que penalizaban la “ropa contraria al sexo” e “incitación al acto carnal”. Escribieron un documento y quieren hablar con el mismísimo Alberto Fernández, sin intermediarixs: “Es importante que nos reciba el presidente porque él tiene que escuchar de nuestras propias voces las necesidades urgentes”.

Desde el mediodía en la feria que rodeó la Plaza hubo para todos los gustos, incluso un camión del Ministerio de Salud aplicó vacunas contra el covid. Las marcas de bebidas, ni lerdas ni perezosas, aprovecharon la volada y estamparon sus logos donde pudieron. En el escenario principal frente a la Rosada sonaron Ayelén Beker, Max Vanns y Dj Alan Fabulous, calentando los motores para el cierre en Congreso con Sara Hebe, Miss Bolivia y Dj Jara.

Hay para todos los gustos. La marcha es multitudinaria y este año hay un escenario extra por avenida Diagonal Norte, donde se agrupan las organizaciones que no participaron de la comisión organizadora oficial y se denominan “Orgullo y Lucha”. Frente a ese escenario una batalla de mostris glam del ballroom tira pasos furiosos en una batalla de baile, y más allá las chicas de Batuka le ponen bombo feminista al agite. Están los colores, las mariposas, las infancias diversas, el activismo marrón, negro, asexual, bisexual, poliamoroso, las voces de la experiencia y las nuevas generaciones. Pero hay una gran ausencia: falta Tehuel de la Torre, el joven trans de 22 años que fue visto por última vez el 11 de marzo, cuando salió de su casa en el conurbano bonaerense para una reunión de trabajo de la que no volvió. Dos hombres, con quienes se reunió por el trabajo, están detenidos por su desaparición pero se niegan a aportar datos. Ningún orgullo estará completo hasta que Tehuel aparezca.

Otro gran ausente de este año es César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina hasta el día de su muerte, a fines de agosto de 2020. César estuvo en todas las marchas del orgullo desde la primera de 1992, donde fue uno de los organizadores junto a Carlos Jáuregui. Su amiga Pedro Paradiso Sottille (Fundación Igualdad) se emociona al recordarlo, y llama a retomar el legado revolucionario y de lucha de quienes fueran pioneros en Argentina: el Frente de Liberación Homosexual. “Se cumplen 50 años de la creación del Frente y nos parece importante hacerles un reconocimiento a su memoria. Un pueblo que no tiene memoria no tiene presente ni futuro, por eso queremos celebrar y recordar a quienes dieron los primeros pasos”, dice Pedro y levanta dentro de las consignas del orgullo al lema Nunca Más: “porque el grito de Memoria, Verdad y Justicia es una lucha que nos enseñaron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.

Por quienes se fueron, por quienes estamos y por quienes vendrán. Con alegría y algunas lágrimas, celebrando las conquistas y siempre reclamando por la equidad. Celebrando los derechos, pero también defendiéndolos y haciendo que se cumplan. Con diferencias, como toda construcción política, pero con algunos consensos elementales que hacen que sea una de las marchas más grandes de nuestra región. Poniendo el cuerpo y con la memoria a flor de piel: un año más de reclamos y orgullos.